La espiritualidad del Catequista



La espiritualidad del catequista es una dimensión permanente que se da de una manera orgánica, unitaria y coherente con la vida del catequista. 

Esto no es para un momento del día, sino en todo tiempo y lugar. La tarea del catequista es sembrar así no vea los frutos. 
Los catequizandos tienen que basarse en la experiencia del catequista, que son durante las catequesis su principal referente y por ello es importante que lo que se transmite se lleve a la práctica. 

No se trata de que se dé en un espacio del día, como si se diese en un paréntesis, sino constantemente. 



Características que define al catequista:
  • La imagen que tenga de Jesús: maestro, que cura, que dialoga, que va en búsqueda, que es amor. La imagen que tengan de Jesús es el que transmite el catequista. “La imagen de Jesús que demos es la que vivimos dentro de nosotros”. Esa imagen de Jesús es la que tiene que motivarnos a estar felices y contentos a la hora de dar la catequesis. 
  • Palabras para dar: el catequista debe tener siempre una palabra para dar. Una palabra que esté apoyada precisamente en su experiencia, vivencia de Dios. Que sale de una actitud del catequista que ha sido transformada por Dios. Tendría que haber previamente de la catequesis una oración que le ayude al catequista transmitir el mensaje de Jesús. “Nunca dejar al niño sin respuestas”.
  • Ellos en mi y juntos en Jesús: la oración de petición es una manera que tenemos para comunicarnos con Dios. Al catequista le tiene que brotar hablarle a los niños de Jesús. Es la oración en la cual me presento a Jesús con los niños pero, “juntos”. 
  • Pastor, padre y madre: son funciones indeleganles que se les han dado a los catequistas y que se deben ejercitar con los niños. Es un tesoro que se pone en las manos de los catequistas y los niños recordarán con cariño al catequista, pero depende de los catequistas. A través del catequista los niños deben encontrar a Jesús. El catequista ha de ser hijo fiel de Maria y transmitirles el amor de Maria a los niños. 


Programa de vida que nos sirve para todos.

El buen pastor, conoce a sus ovejas: ¿Conocemos la vida de nuestros catequizandos? ¿Nos interesamos por sus situaciones de vida?

El buen pastor las llama por su nombre: ¿tenemos un trato personal con nuestros catequizandos? 

El buen pastor camina al frente de ellas: ¿damos testimonio de lo que enseñamos? ¿Vivimos en forma cogerte como para ir al frente y de frente? 

El buen pastor da la vida por las ovejas: ¿entregó lo mejor de mi a los demás? ¿Buscó dar los talentos que recibo de Dios para beneficio de ellos? 

Al buen pastor sus obras lo dan a conocer: si a final de curso le diéramos una hoja a los niños y le pidiéramos que escribieran como es su catequista. ¿Somos transparentes? ¿Nuestra manera de atar con los demás refleja nuestra cercanía a Dios?

Nos invita a orar con el salmo 23 y leerlo poniendo mis palabras. Hacer oración con el. 

Canción: el castillo de Cristal.



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